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La mejora del modelo educativo

Actualizado el 25-09-2012 | Agrandar | Achicar

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  Diferencias, similitudes y desafíos de los sistemas de enseñanza en China y América Latina

  Por JUAN SEBASTIÁN*

  El programa de estudios en China para ciudadanos extranjeros completó 61 años de experiencias este 2011. Este logro comenzó en 1950, cuando la Universidad Tsinghua, en Beijing, recibió al primer grupo de 33 estudiantes, provenientes de países de Europa del Este. Posteriormente, en 1972, 200 jóvenes de Tanzania y Zambia se vieron beneficiados con becas del Gobierno chino, que continuó aceptando en los años siguientes un número cada vez mayor de estudiantes extranjeros.

  En 1996, el Consejo de Becas Chino (CSC, por sus siglas en inglés) se estableció como una institución sin fines de lucro, adscrita al Ministerio de Educación y a cargo de la administración de los programas de becas para el patrocinio de los ciudadanos chinos que cursan estudios en el extranjero, así como de los ciudadanos extranjeros y demás académicos que estudian en China.

  Las estadísticas de esta cartera revelan que en 2010, 265.090 estudiantes de 194 países han estudiado en China, cifra que representa un salto de 8% en comparación con los 240.000 estudiantes registrados en 2009, el mismo año en que yo decidí ser parte de esa relación, al matricularme en una maestría en la Universidad de Shanghai.

  Motivado por el impresionante desarrollo del país durante los últimos 10 años y un interés personal por su cultura milenaria, hoy puedo afirmar que he estado viviendo una experiencia maravillosa.

  Cada uno de estos cientos de miles de estudiantes puede contar una historia diferente de su paso por China. La mía tiene que ver con mi experiencia con el sistema educativo nacional y su relación con los sistemas latinoamericanos.

  Después de completar mis estudios anteriores, según el sistema educativo occidental, he podido intercambiar opiniones sobre nuestra experiencia académica con mis compañeros de maestría, y son muchos los aspectos positivos que valoramos del modelo chino, aunque algunos otros pueden ser mejorados. Hemos sido testigos de la transformación y progreso del programa que cursamos, y es evidente que tanto el Gobierno como las universidades están comprometidos en la implementación de medidas concretas para elevar la calidad y mejorar los servicios educativos, no sólo para los estudiantes extranjeros, sino también para los alumnos nacionales que necesitan adquirir cada vez más habilidades y el aval de haber estudiado en un centro educativo prestigioso para ingresar en el mercado laboral con mejores oportunidades.

  Una clase en Xunwu

  Tiempo atrás, en América Latina se adoptó un modelo de enseñanza en el que se creía que la educación era un derecho natural al servicio del individuo. Los Gobiernos proveían formación gratuita o a muy bajo costo en universidades públicas, pero con el paso del tiempo este apoyo se redujo considerablemente, al punto que muchos de esos centros se hicieron insostenibles y se vieron forzados a privatizarse. Por consiguiente, la educación ha adoptado un modelo comercial, que, por sus altos costos, se ha vuelto un privilegio de las clases pudientes.

  Pese al progreso alcanzado en los últimos años, todavía queda mucho por hacer para asegurar que los jóvenes completen la educación secundaria. Cerca de la mitad (48%) de los jóvenes entre los 20 y 24 años de edad aún no la ha completado y en seis países de la región, menos de un tercio lo ha hecho.

  Muchos estudiantes de secundaria abandonan los estudios, no sólo por problemas económicos o circunstancias difíciles de la vida, sino por una oferta educativa que no responde a sus necesidades y expectativas, o porque no la encuentran relevante para sus vidas ni su futuro.

  Lo que la sociedad en Latinoamérica demanda es una renovación de su sistema educativo. Para ello es necesario, en primera instancia, reconocer que el papel de la enseñanza de calidad es tan importante como el del desarrollo económico (siendo el último resultado del primero). Por consiguiente, debe recibir una inversión directa como un “porcentaje consensuado del PIB” para su continua mejora. En segundo lugar, se debe tener presente que un modelo educativo no puede ser ajustado a las necesidades del mercado, sino a las necesidades de la población. De esta manera, los estudiantes podrán alcanzar su máximo potencial libremente, sin la presión de los exámenes diseñados para medir “el resultado”, sin tener en cuenta el “proceso de aprendizaje”.

  Una educación relevante debe desarrollar competencias relacionadas con los cuatro pilares del aprendizaje, identificados en el Informe de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Una educación pertinente permite una flexibilidad de las experiencias educativas, de modo tal que se ajuste a las necesidades y condiciones particulares de las personas. Según la Unesco, para lograr una educación de calidad para todos se requiere una ampliación de los recursos destinados a la enseñanza, además de un foco estratégico sobre los grupos vulnerables.

  El grupo de alto nivel sobre la Educación Para Todos (EPT), en su reunión celebrada en Oslo en 2008, recomendó que cada país dedique a la educación por lo menos el 6% del PIB, algo que había sido incluido ya en el Informe Delors de 1996.

  Como conclusión de mi experiencia académica, podría resaltar la importancia de generar una conciencia colectiva que se preocupe por la pérdida de la calidad en la educación. Desempeñando un rol más activo en la cooperación entre países, Gobiernos, sectores privados y ciudadanos podremos apoyar el desarrollo y la mejora continua de un sistema de educación flexible y dinámico, que asegure la inclusión de todos y sea capaz de liderar los procesos de transformación requeridos por la sociedad contemporánea.

  *Juan Sebastián es estudiante colombiano en China.

  Recientemente, un compañero de clases y yo fuimos invitados por algunos amigos chinos, estudiantes de otra universidad, a enseñar, junto con ellos, como voluntarios en un campamento de verano.

  Estuvimos en un pequeño distrito llamado Xunwu, ubicado en la provincia de Jiangxi, donde 700 alumnos de una escuela secundaria nos esperaban con grandes expectativas, aunque ni ellos ni nosotros habíamos participado antes en una actividad como ésta.

  Desde el comienzo percibimos una timidez natural, pues muchos de aquellos escolares nunca antes habían visto un estudiante extranjero. Un par de días más tarde, aquel temor había desaparecido y el reto entonces era desvanecer la mezcla de miedo y respeto que aquellos adolescentes sentían por nosotros debido a nuestro rol de maestros, y así lo hicimos. Fue una experiencia maravillosa. Durante las dos semanas que pasamos allí intercambiamos historias sobre nuestras vidas, las diferencias culturales, las tradiciones, el origen de nuestros países y demás temas en los que los estudiantes mostraban interés. Escuchamos atentamente cuáles eran sus sueños y preocupaciones e hicimos un esfuerzo conjunto por desarrollar una serie de actividades recreativas, con el ánimo de apoyar sus metas académicas, guiándolos en la elaboración de sus planes de vida e incentivándolos a proyectar sus sueños.

  Luego de esta gratificante experiencia, y de pasar más de dos años como estudiante en China, puedo concluir que hay algunos ingredientes que podrían enriquecer el proceso de aprendizaje en las aulas de este país; por ejemplo, las preguntas, la discusión de temas y, sobre todo, la interacción entre estudiantes y profesores como resultado natural de un deseo de aprendizaje mutuo. Expresar las ideas y aprender a tolerar otras opiniones en el salón de clase es una práctica habitual en la educación occidental. Esta costumbre genera más conocimiento y –por qué no– es uno de los elementos que contribuye al desarrollo de la “creatividad”, que bien pudiera implementarse en un país tan criticado por la ausencia de ésta.

  Mi experiencia en China me ha hecho también reflexionar en el sistema educativo de nuestros países. Más aún, en cómo regiones en vías de desarrollo, como es el caso de Latinoamérica, comparten similitudes con el modelo educativo chino. Es por ello que los planes de cooperación pueden repercutir en un beneficio mutuo.

  La educación, ¿privilegio de algunos?

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